sábado, 2 de febrero de 2013

Botas de agua


Estos últimos años se han puesto de moda las botas de agua.

Recuerdo que una de las cosas que más odiaba en los días de lluvia cuando era una niña era el que mi madre me obligara a ponerme las botas de agua. Les tenía una manía terrible.

TODO en los días de lluvia me resultaba incómodo: El agua, las botas, el paraguas, el impermeable y los recreos del colegio, que los teníamos que pasar repartidos entre los pasillos, llenos de serrín para evitar que se formaran charcos, y los porches. El serrín terminaba apelmazado y sucio, añadiendo al ambiente un aspecto aún más sombrío. El suelo estaba húmedo, por lo tanto no podíamos sentarnos en él, y por estar dentro del edificio no podíamos  ni jugar a la pelota, ni correr, ni gritar, así que pasábamos el recreo dando paseos de un lado a otro como presos en el patio de una cárcel. Si alguno se descarriaba, era inmediatamente llamado al orden.

Ahora sigo sin ser muy amiga de ellas, no las suelo usar,  pero me gustan mucho estéticamente, tanto las clásicas azules  o negras como las de colores más llamativos o estampadas (dentro de una estética claro...). Ya no se usan sólo para evitar mojarte los pies y los bajos de la ropa en los días lluviosos, si no que se trata de un complemento más.

Pero para mí han cambiado en algo más. Cuando he dicho que les tenía manía, era hasta por el nombre con el que se las designa: Katiuskas. Yo las llamaba "de agua".

Ahora me gusta mucho la palabra.

Me he llevado una sorpresa cuando he buscado en la RAE la palabra catiusca y me ha salido que no existe, ofreciéndome una parecida: Katiuska.

Antes de buscarla he estado intentado averiguar mentalmente de dónde podía provenir la palabra catiusca, intentando relacionarlo con el agua, pero no he sacado ninguna conclusión.

Katiusca: Bota de material impermeable, de caña alta, para proteger del agua.

Motivo de denominarlas así: Katiuska es el nombre de una zarzuela española en la que la protagonista llevaba unas botas altas. Katiuska es un diminutivo del nombre ruso Katia (Catalina en español).

NOTA: el origen de las botas de agua en sí es otro.

sábado, 26 de enero de 2013

sábado, 19 de enero de 2013

El final de una etapa


Hace unos meses terminé la colaboración en un proyecto que me ha hecho viajar durante 2 años y medio continuamente. Cerraba así una etapa que puedo considerar como la de mayor crecimiento a nivel personal.

Al comienzo de ésta, cuando mi marido y yo nos decidimos a ser padres allá por 2009 nos imaginábamos todas las tardes en casa con la niña, contentos por tener la suerte de poder tener tiempo para dedicarle, ya que los dos teníamos muy buenos horarios en el trabajo.

La crisis económica en España ya nos acompañaba desde hacía muchos meses, pero todavía no había llegado a nuestro sector, ni imaginábamos que duraría tanto. Nadie imaginaba ni su duración ni sus dimensiones. Ni siquiera ahora lo sabemos...

Yo llevaba trabajando 4 años, siempre con bastantes comodidades, comiendo en casa, en proyectos estables, muy raramente tuve que hacer sobreesfuerzos. Iba a trabajar, hacía mi horario y salía para continuar con mi vida en casa, con los amigos o en familia.

Pero llegó el diagnóstico, el cambio de proyecto y el miedo a perder el trabajo.

Las tardes de parque y paseos que habíamos imaginado las tuvimos que cambiar por turnarnos para que al menos uno de los dos estuviera con la niña, mientras el otro recuperaba las horas perdidas por las pruebas médicas y  la terapias. Hemos tenido que compaginar también mis viajes cuando tocaba. Y cuando nos sobraba un poquito de tiempo, hacer algo de vida social y ver a nuestros seres queridos.

Desde que terminé el proyecto he estado en espera a que me asignaran algún otro, ya con la sombra de que de nuevo sería fuera de casa o la alternativa de que me echaran. Había que seguir apechugando... 

Esta semana me han comunicado que seguramente ganemos uno para el extranjero que me hará pasar algunos meses fuera de casa.

¿Y por qué crecimiento personal si todo parecía ir en nuestra contra? 

La comodidad en la que vivía me tenía aletargada, pero el enfrentarme a un diagnostico de una enfermedad rara, el asistir a las terapias de atención temprana, el viajar y estar continuamente fuera de casa, el tener que buscar siempre la calidad del tiempo, la crisis económica... el descubrimiento de la homeopatía y las tendencias alternativas...  Todo esto me ha hecho tirar por tierra muchas de mis debilidades y darle mayor importancia a lo que realmente la tiene.

He aprendido que el tiempo que se le dedique a cada persona, debe ser de calidad,
a relativizar las cosas,
a escuchar más,
a decir más,
a escucharme más,
a emplear mejor mi tiempo, con y cómo quiero,
a ser madre,
he perdido bastante el sentido del ridículo,
he ganado confianza y seguridad en mí misma.

He podido asomarme al mundo de las personas discapacitadas y descubrir que no es mejor ni peor que cualquier otro, simplemente es distinto.

He aprendido que no se puede dar nada por supuesto ni planificar nada. Hay que dejarse llevar por los acontecimientos y enfrentarlos tal como vienen.

Gracias a este crecimiento, mi proyecto de vida no sólo puedo imaginarlo, sino buscarlo.

Ahora espero el inicio de la nueva etapa, con miedos e ilusiones, y con muchas ganas de salir aún más reforzada de ella.

Un abrazo a una persona que conocí y con la que compartí mucho momentos de esta etapa. Mi primera seguidora.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Plúmbeo

Acabo de empezar un libro que estaba deseando leer. 1Q84, de Murakami.

Realmente no sabía mucho sobre él, ni tampoco había leído antes al autor, pero casi toda referencia que me encontraba de él me incitaba a leerlo: Cada vez que lo veía en una librería, su portada me hacía refrenarme un poco. Supongo que ese título impronunciable (a no ser que se deletree) me retaba a pedirlo. La referencias a Murakami siempre positivas y  la denominación hacia su persona como "autor de culto" me hacían plantearme si yo estaría hecha para leerlo, y lo que es más, disfrutarlo. En resumen, cada vez que me encontraba con él me preguntaba si no me estaría perdiendo algo realmente bueno, así que por fin lo pedí para mi último cumpleaños.

El primer capítulo, no sé si exagero si digo que la primera página, me ha cautivado. Y además me ha hecho encontrarme con una vieja palabra, que hacía muchísimo que no leía: Plúmbeo.

PLÚM-BE-O. ¿Se puede ser más perfecto?

Plúmbeo: Del plomo. Que pesa como el plomo.