sábado, 18 de abril de 2020

Reflexiones sobre un confinamiento. Cuando volvamos

Uno de los temas de los que se habla en estos días es sobre cómo será todo cuando podamos volver a salir; tanto de forma inmediata como a largo plazo.

Todavía no sabemos qué podremos hacer y qué no este verano. Parece que ya no estaremos confinados en casa, que ya podremos salir a la calle, pero manteniendo distanciamiento social, con restricciones. No se sabe si podremos o no salir de nuestras ciudades, ir a la playa, reencontrarnos con los nuestros. 

Yo me resisto a elucubrar. Es una forma de protegerme, de no hacerme ilusiones sobre algo que aún no se sabe si será posible. Aunque a veces le doy un poco de vueltas al tema. Si pudiéramos hacer algo, estas son las cosas que intentaría hacer: 

Ir a ver a mis suegros a Madrid, como todos los años. 

Estar unos días en un hotel, en España. No porque sienta la necesidad, si no porque, por ahora, nos lo podemos permitir y creo que es importante poner nuestro granito de arena para reactivar la economía. Habrá mucha gente que no lo va a poder afrontar económicamente y otros creo que buscarán el calor de su gente, en lugar de pensar en el relax y la desconexión que te ofrece un hotel y tenderán más a ir a casas familiares, a sus pueblos. No creo que puedan venir extranjeros a España, por lo que la opción del hotel puede ser de las que menos se barajen. 

Y por último, pasar unos días en Aliaga. Este año ya lo tenía pensado, si no era toda la familia, yo sola unos días o incluso con las niñas si lo podía cuadrar. Ahora tengo aun más ganas. Además de que es una plan que siempre me apetece, no sé cuando será la siguiente oportunidad y no me gustaría desaprovecharla. 

Sobre el largo plazo, no me permito mucho leer lo que se va diciendo. Ni creo que se sepa ni me resulta agradable pensarlo. Se habla de que la gente no querrá volver a estar en sitios aglomerados, tipo partidos de fútbol, conciertos, etc. Que el trato social habrá cambiado para siempre, que no volveremos a ser los mismos en cuanto a relaciones se refiere. 

Una vez haya pasado todo, si realmente hay un cambio en la forma de relacionarnos y éste es por miedo a un contagio, es que el ser humano es más tonto de lo que ya pensaba. Una pandemia no se produce de un día para otro. No tendría sentido que evitáramos este tipo de eventos sin signos de que estamos de nuevo ante un virus u otro tipo de alarma. Sí espero que haya un cambio, pero en otro sentido, y es en la forma de relacionarnos con la Tierra, pero eso espero contarlo en otra reflexión.

Lo que sería necesario es que se empiece a trabajar ya en un plan de emergencia global, que en el momento en que se detecte cualquier posibilidad de que nos enfrentamos a un nuevo virus, haya definidas unas pautas para evitar que se convierta en pandemia. Que haya transparencia desde el primer momento. Que se estudien todas las epidemias que han existido, sus formas de contagio (aire, agua, alimentos...) y según la forma de propagarse, se corte de forma radical desde los primeros días. Que se cierren fronteras, ciudades, durante el tiempo mínimo necesario para poder perimetrarlo. No tendría sentido que la gente intentara escapar de él en el momento que se cerraran ciudades, cuando ya se sabe que tarde o temprano llegaría a donde estuviera. Podría ser a lo sumo, un mes, seguramente menos. Que no le dé tiempo a propagarse. Que se prepare a un equipo humano suficientemente grande para estar preparado para dar respuesta y atención. Hay que aprovechar las lecciones aprendidas, analizar todas las posibilidades, para tener claro en el momento que ocurra qué se va a hacer, qué va a pasar y durante cuanto tiempo.

Dicen que cada vez habrá más virus de este tipo; y si no queremos a partir de ahora vivir la mitad de nuestra vida en una situación parecida, lo mejor que podemos hacer es estar realmente preparados para evitarlo.

domingo, 12 de abril de 2020

Reflexiones sobre un confinamiento. Las primeras noticias

Vuelvo en estos días tan inusuales para poder plasmar un poco de mis vivencias durante la pandemia provocada por el COVID19, y el confinamiento al que se ve sometida, gran parte de la humanidad por causa del mismo.

No sé si en Diciembre 19, o ya en Enero 2020 empiezo a escuchar hablar un poco de pasada de un nuevo virus que ha aparecido en China, en la ciudad de Wuhan. Un poco más adelante me entero que están construyendo un hospital para tratar a los afectados. Lo terminan en 10 días.

Como no veo las noticias nunca, y escucho las cosas de pasada, empiezo a pensar que no entiendo nada. Creo que es una excentricidad de los chinos; son tan distintos a nosotros y hacen cosas tan raras... Y me quedo tan tranquila, aunque algo no me cuadra. Entiendo que es por desinformación.

Estamos a principios de Febrero de 2020.

Hospital de Wuhan

En estos días me acuerdo de brotes de otros virus, como la gripe aviar, las vacas locas, de las que no tengo mucha idea. Ni dónde se originó, ni a cuánta gente afectó, ni como se solucionó... NADA.

La gripe A me tocó un poco más de cerca. Estaba embarazada de Allende y entraba dentro de los grupos de riesgo. Yo lo veía muy lejos también pero, en una revisión, la matrona me indicó que tenía que ponérmela. Estuve varios días pensándomelo. No conocía a nadie que se la hubiera puesto, era una vacuna muy nueva y me daba miedo que tuviera algún efecto sobre el feto que no estuviera controlado. Además, no veía la necesidad. Lo consulté con mi hermana Marta, médico cardióloga, y me aconseja ponérmela.

Me la puse. Los enfermeros me dijeron que era la segunda (creo recordar) embarazada que iba, a pesar de que la campaña de vacunación ya llevaba bastante tiempo.

En estos primeros días ni de lejos pensaba que este nuevo virus nos fuera a afectar en ningún sentido. Era algo que estaba pasando en China, y hasta ahora ninguno de los otros había llegado a extenderse tanto.