Vuelvo en estos días tan inusuales para poder plasmar un poco de mis vivencias durante la pandemia provocada por el COVID19, y el confinamiento al que se ve sometida, gran parte de la humanidad por causa del mismo.
No sé si en Diciembre 19, o ya en Enero 2020 empiezo a escuchar hablar un poco de pasada de un nuevo virus que ha aparecido en China, en la ciudad de Wuhan. Un poco más adelante me entero que están construyendo un hospital para tratar a los afectados. Lo terminan en 10 días.
Como no veo las noticias nunca, y escucho las cosas de pasada, empiezo a pensar que no entiendo nada. Creo que es una excentricidad de los chinos; son tan distintos a nosotros y hacen cosas tan raras... Y me quedo tan tranquila, aunque algo no me cuadra. Entiendo que es por desinformación.
Estamos a principios de Febrero de 2020.
Hospital de Wuhan
En estos días me acuerdo de brotes de otros virus, como la gripe aviar, las vacas locas, de las que no tengo mucha idea. Ni dónde se originó, ni a cuánta gente afectó, ni como se solucionó... NADA.
La gripe A me tocó un poco más de cerca. Estaba embarazada de Allende y entraba dentro de los grupos de riesgo. Yo lo veía muy lejos también pero, en una revisión, la matrona me indicó que tenía que ponérmela. Estuve varios días pensándomelo. No conocía a nadie que se la hubiera puesto, era una vacuna muy nueva y me daba miedo que tuviera algún efecto sobre el feto que no estuviera controlado. Además, no veía la necesidad. Lo consulté con mi hermana Marta, médico cardióloga, y me aconseja ponérmela.
Me la puse. Los enfermeros me dijeron que era la segunda (creo recordar) embarazada que iba, a pesar de que la campaña de vacunación ya llevaba bastante tiempo.
En estos primeros días ni de lejos pensaba que este nuevo virus nos fuera a afectar en ningún sentido. Era algo que estaba pasando en China, y hasta ahora ninguno de los otros había llegado a extenderse tanto.
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