sábado, 26 de enero de 2013

sábado, 19 de enero de 2013

El final de una etapa


Hace unos meses terminé la colaboración en un proyecto que me ha hecho viajar durante 2 años y medio continuamente. Cerraba así una etapa que puedo considerar como la de mayor crecimiento a nivel personal.

Al comienzo de ésta, cuando mi marido y yo nos decidimos a ser padres allá por 2009 nos imaginábamos todas las tardes en casa con la niña, contentos por tener la suerte de poder tener tiempo para dedicarle, ya que los dos teníamos muy buenos horarios en el trabajo.

La crisis económica en España ya nos acompañaba desde hacía muchos meses, pero todavía no había llegado a nuestro sector, ni imaginábamos que duraría tanto. Nadie imaginaba ni su duración ni sus dimensiones. Ni siquiera ahora lo sabemos...

Yo llevaba trabajando 4 años, siempre con bastantes comodidades, comiendo en casa, en proyectos estables, muy raramente tuve que hacer sobreesfuerzos. Iba a trabajar, hacía mi horario y salía para continuar con mi vida en casa, con los amigos o en familia.

Pero llegó el diagnóstico, el cambio de proyecto y el miedo a perder el trabajo.

Las tardes de parque y paseos que habíamos imaginado las tuvimos que cambiar por turnarnos para que al menos uno de los dos estuviera con la niña, mientras el otro recuperaba las horas perdidas por las pruebas médicas y  la terapias. Hemos tenido que compaginar también mis viajes cuando tocaba. Y cuando nos sobraba un poquito de tiempo, hacer algo de vida social y ver a nuestros seres queridos.

Desde que terminé el proyecto he estado en espera a que me asignaran algún otro, ya con la sombra de que de nuevo sería fuera de casa o la alternativa de que me echaran. Había que seguir apechugando... 

Esta semana me han comunicado que seguramente ganemos uno para el extranjero que me hará pasar algunos meses fuera de casa.

¿Y por qué crecimiento personal si todo parecía ir en nuestra contra? 

La comodidad en la que vivía me tenía aletargada, pero el enfrentarme a un diagnostico de una enfermedad rara, el asistir a las terapias de atención temprana, el viajar y estar continuamente fuera de casa, el tener que buscar siempre la calidad del tiempo, la crisis económica... el descubrimiento de la homeopatía y las tendencias alternativas...  Todo esto me ha hecho tirar por tierra muchas de mis debilidades y darle mayor importancia a lo que realmente la tiene.

He aprendido que el tiempo que se le dedique a cada persona, debe ser de calidad,
a relativizar las cosas,
a escuchar más,
a decir más,
a escucharme más,
a emplear mejor mi tiempo, con y cómo quiero,
a ser madre,
he perdido bastante el sentido del ridículo,
he ganado confianza y seguridad en mí misma.

He podido asomarme al mundo de las personas discapacitadas y descubrir que no es mejor ni peor que cualquier otro, simplemente es distinto.

He aprendido que no se puede dar nada por supuesto ni planificar nada. Hay que dejarse llevar por los acontecimientos y enfrentarlos tal como vienen.

Gracias a este crecimiento, mi proyecto de vida no sólo puedo imaginarlo, sino buscarlo.

Ahora espero el inicio de la nueva etapa, con miedos e ilusiones, y con muchas ganas de salir aún más reforzada de ella.

Un abrazo a una persona que conocí y con la que compartí mucho momentos de esta etapa. Mi primera seguidora.