Mi hermana Pili es mi melliza.
Hemos compartido casi 25 años de "desayunos, comidas y cenas", cuarto, baño, ropa, idas y venidas al cole, libros escolares, profesores, amistades, cama en verano, salidas nocturnas, horas de juegos, piscina, música, estudio y aburrimiento. Incluso algún amor...
A ella le gustaban mis variados de música y a mi su ropa y sus pendientes. A ella le gusta el chocolate negro y a mi con leche.
Cuando éramos pequeñas, a veces se ponía del lado de mis otros hermanos, y me encerraban un rato en un cuarto con la luz apagada por el mero placer de ver mi puchero al encender. Si era la mitad de lindo que el de Allende, ahora los entiendo.
Yo me vengaba años más tarde persiguiéndola por la casa con el bote de Tulipán en mano para que lo oliera.
Ha estado a mi lado en los momentos más importantes de mi vida. En los buenos, y en los malos.
Ahora nos separan unos 100 km de distancia y una vida bien distinta, pero sigue siendo mi amiga y confidente.
Pili y yo nos llevamos casi dos años, pero si alguien hubiera tenido que compartir conmigo 9 meses de patadas y canal de parto, ésa, habría sido ella.
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